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La verdadera historia del vibrador

Como suele ocurrir con los inventos revolucionarios, la necesidad es la madre de la invención. Este también fue el caso del vibrador. Todo comenzó en Gran Bretaña a fines del siglo XIX, cuando las mujeres se vieron afectadas a gran escala por "la enfermedad más extendida de todas", a la que algunos se refieren como una "pandemia", la llamada histeria. Una especie de trastorno neurótico (clasificado así en aquel momento) que se curaba mediante un "masaje" al clítoris.

La demanda de este tipo de tratamiento fue tan grande que los médicos no pudieron proporcionar una "cura" a todas las pacientes (al parecer, la histeria afectó al 30% de las londinenses). Por lo tanto, se decidió inventar un dispositivo que liberara a los médicos de esta larga y ardua “tarea". Sin embargo, el destino final de esta revolucionaria herramienta fue brindar placer sexual a las mujeres.

¿Y la histeria?

Es cierto que sin la histeria y el aumento de su popularidad en Londres en el siglo XIX, probablemente no se hubiera inventado el vibrador. La histeria, sin embargo, no se descubrió en ese siglo, ni en Inglaterra. La fuente de este trastorno se buscó en el antiguo Egipto. Hipócrates introdujo este término en el diccionario médico, creando el nombre hysterikos (de la palabra griega hysteron, que significa útero). Un antiguo científico creía que el útero vagaba por el cuerpo de la mujer, provocando esta misteriosa enfermedad. En el siglo XVIII se localizó el útero y las causas de la histeria se empezaron a atribuir al cerebro.

Del masaje al exorcismo

Los síntomas de este "trastorno atípico" eran bastante generales: demasiada "afectividad", dolor de cabeza, falta de ganas de vivir, dificultad para respirar. En la antigüedad el tratamiento consistía en masajes de los órganos femeninos, en la Edad Media se creía que la enfermedad sería expulsada mediante exorcismos y oraciones, para después volver al método más "eficaz", la estimulación del clítoris. Así, en el siglo XIX, los médicos llevaban a las pacientes al orgasmo durante una sesión de una hora con los dedos. Sin embargo, esta situación no duró mucho tiempo...

Invención revolucionaria

El primer dispositivo mecanizado para tratar la histeria fue creado en 1869 por el médico estadounidense George Taylor. Era un vibrador de vapor llamado The Manipulator. Sin embargo, debido a sus enormes dimensiones, no facilitaba el trabajo de los médicos. Un invento revolucionario fue el primer vibrador electromecánico construido por el médico británico Joseph Mortimer Granville en 1880, que acortó el tiempo de visita del paciente de una hora a solo cinco minutos.

Del consultorio médico al dormitorio

La electrificación generalizada a principios del siglo XX permitió reducir el tamaño del vibrador y, sobre todo, hacerlo portátil. Como resultado, los médicos pudieron abandonar esta práctica. El vibrador incluso se vendió por correo como un "pequeño electrodoméstico para uso personal". Los anuncios de la época, aunque sutiles, revelaban su verdadero uso. Un anuncio del Women's Home Companion de 1910 prometía a toda mujer “la esencia de la eterna juventud", y otro aseguraba que con él, “sentirás palpitar en ti todos los placeres de la juventud". El vibrador se volvió tan popular que, junto a la tetera, máquina de coser, ventilador y tostadora, fue uno de los cinco electrodomésticos más vendidos.

Hacia la libertad del placer femenino

Aunque los vibradores ya no se usaban con fines terapéuticos desde la década de 1930, fue hasta 1950 que la Asociación Estadounidense de Psiquiatría eliminó la histeria de la lista de enfermedades. Sin embargo, la verdadera revolución sexual tuvo lugar a principios de los años sesenta y setenta, cuando las feministas empezaron a hablar públicamente sobre la sexualidad femenina, y la empresa japonesa Hitachi lanzó el popular masajeador de espalda Magic Wand, cuyo propósito original se modificó muy rápidamente. Esto llevó a una popularidad tan grande del dispositivo que en la década de 1980 los vibradores se conocieron como un juguete sexual y comenzaron a lograr ventas masivas hasta ahora.

Al observar la historia de este dispositivo se puede concluir que el vibrador no solo es un símbolo del placer erótico, sino también una lucha para dejar de lado los tabús en relación a las necesidades sexuales de la mujer. Aunque ya se ha avanzado en este sentido (más del 50% de las mujeres declaran utilizar un vibrador de forma habitual), todavía queda un largo camino por recorrer. El mejor ejemplo de esto es el hecho de que la ley estadounidense prohíbe la publicidad o incluso la venta de vibradores, sin restringir el Viagra. Interesante, ¿no?

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